lunes, 14 de noviembre de 2016

REFORMA DEL ESTADO Y MODERNIZACIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA



La reforma del Estado es un proceso político, social, cultural y económico que implica transformar la tan difundida noción del Estado como intrínsecamente ineficiente e inequitativo, y de la correspondiente normatividad y comportamiento de la Administración Pública, con participación principal de los ciudadanos, individual y colectivamente.

La reforma del Estado comprende procesos de cambios en la concepción, organización y distribución del poder político. Debe apuntar a la legitimación de las organizaciones estatales de los tres niveles de gobierno: nacional, regional y local, para hacer al Estado más representativo y eficiente en concordancia con la reforma como proceso integral de carácter político de mediano y largo plazo.

La reforma del Estado debe significar un Estado con una nueva caracterización y desempeño, con una nueva relación de la economía con la población y el territorio. Un Estado que promueva la inclusión social, la igualdad y la participación, procurando eficiencia, transparencia y decencia, con mayor responsabilidad social y rendición de cuentas institucional y social. Un Estado que tenga al ciudadano como eje de la reforma plasmada ésta en la modernización de la administración pública. En una palabra, se requiere tener un Estado más democrático y participativo, más centrado en el bienestar general de la población y más descentralizado y coordinado, de tal manera que no haya  confusiones ni malos entendidos con descoordinación y contradicciones entre los tres niveles de gobierno.

La modernización de la Administración Pública es uno de los ejes centrales de la reforma del Estado, no puede estar desasida de los principios y objetivos de ésta. Es una tarea permanente a través de la cual los organismos del Estado se adecúan al cumplimiento de los objetivos de políticas articuladas a una estrategia de desarrollo humano y sostenible. Tiene dos pilares fundamentales: servicio al ciudadano y descentralización del poder, para lo cual requiere contar con personal que tenga las competencias personales y laborales necesarias, esto es, conocimiento, experiencia, aptitudes y valores.

El objetivo de la Reforma del Estado y la modernización de la Administración Pública es crear valor público mediante la producción de bienes y prestación de servicios para tener efectos positivos en las condiciones de vida de la población. Dicho de otra manera, se requiere que los esfuerzos del Estado se orienten a crear crecimiento y desarrollo económico y social, a corto, mediano y largo plazo.

Se requiere un Estado más fuerte aunque no necesariamente más grande, que implique una gran oportunidad para el desarrollo de quienes quieran ingresar con criterio de servicio a la sociedad, con eficiencia, transparencia y decencia y no a servirse de los ciudadanos ni del Estado para sus intereses individuales y menos reñidos con la moral y la legalidad.

Es necesario, conveniente y urgente que se extienda y profundice la reforma del Estado y la modernización de la Administración Pública, para lo cual se requiere una gran dosis de liderazgo y altas cuotas de compromiso, ambos en todos los niveles gubernamentales.

Queremos decir que la burocracia es propia de la Administración Pública, pero no el burocratismo, el parasitarismo, la coima, la negligencia y el inmovilismo que sólo conviven perversamente para aniquilarla, desprestigiarla por su creciente ineficiencia e inequidad.

El Profesor Edward Deming, padre de la Calidad Total, enseña que el 95%  de los errores, fallas y limitaciones de una organización, se debe a los directivos y jefes de la misma. Naturalmente que esto también es válido para la Administración Pública. Faltan líderes de calidad, comprometidos con la visión de ser una República libre, soberana y al servicio de la población, líderes que merecen el respeto de sus colaboradores y subalternos y de la ciudadanía en general, por lo que piensan, dicen y hacen. La Administración Pública necesita lideres en toda la extensión de la palabra, con competencias técnicas, sociales, económicas y políticas, con autoconocimiento, autocontrol y autoestima, que reconocen la importancia de su misión individual y colectiva, teniendo que ver con el crecimiento económico, desarrollo social y preservación ambiental, con significado de trascendencia. Ser trabajador de la Administración Pública es un mérito y un honor  por sí mismo, que cada día se debe ganar, con fuerza ciudadana.

Ser trabajador de la Administración Pública exige ser líder con características especialmente distintivas:

-       Inspirar y motivar a los demás
-       Tener y mostrar integridad y honestidad
-       Comprometerse con el análisis y solución de problemas
-       Gestionar  para obtener  resultados con efectos favorables
-       Realizar permanentemente una comunicación adecuada
-       Tejer relaciones de convivencia y solidaridad
-       Acreditar conocimiento, experiencia y actitud positiva
-       Tener espíritu y gestión estratégica
-       Promover y desarrollar acciones innovativas
-       Promover y liderar el cambio positivo en sus respectivas organizaciones
-       Relacionar a su institución de manera positiva, respetuosa y respetable con la ciudadanía
-       Establecer y lograr metas alcanzables, sin cuotas de permisividad
-       Superar los retos propuestos de eficiencia y equidad
-       Desterrar prácticas obsoletas, cargadas de connivencia y oscuridad opacidad
-       Revisar y mejorar permanente su quehacer y el quehacer de sus colaboradores
-       “Adelgazar” las costras y la grasa burocrática de procesos, procedimientos, actividades, tareas, funciones y puestos innecesarios
-        
Carlos A. La Rosa Lama
Profesor UNMSM-UNAC




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