viernes, 13 de enero de 2017

GANAR GOBERNABILIDAD CON LUCHA ANTINARCOTRÁFICO


Hay grandes males que se han enseñoreado y hacen ver su descarnada amenaza contra la sociedad y el Estado del Perú, caracterizándose de manera predominante la inseguridad ciudadana y la corrupción, que tienen como patrón degenerativo el narcotráfico que día a día causa muerte, destrucción social y política, porque se introduce en todo tipo de organización social, militar, judicial y política, gracias a la impunidad alentada desde las esferas más altas del poder judicial.

El problema se ve desgraciadamente alentado por la perversión de la política, agravada inicialmente en los gobiernos entre los años 1985 y 2000, con los presidentes García y Fujimori, respectivamente, y que luego de una pequeña pausa se torna cada vez más agresivo desde el año 2002, aprovechando muchas veces su capacidad de financiar campañas electorales que significan inmunidad que se transforma en impunidad para los congresistas elegidos y sus patrocinadores – patrocinados, como se observa en los dos últimos periodos. O sea, que llegan ellos al Congreso, en forma directa o en forma indirecta, con poder real y efectivo en uno y otro caso.

Hay un proceso de corrosión social e institucional progresivo y permanente que debilita y hasta neutraliza las buenas intenciones, por lo menos declaradas, de las principales autoridades, sean del Poder Ejecutivo como del Poder Legislativo y del Poder Judicial, pero que a la “hora de la verdad”, a la hora de destruir el poder de los narcotraficantes o narcoterroristas se minimiza. Para muestra basta señalar lo que sucede en el VRAEM, a pesar de tantos operativos militar – policiales, así como el traslado de la droga  por vía aérea y vía marítima, respectivamente, muchas veces con el silencio cómplice de las autoridades dedicadas al apresamiento y condena de los delincuentes mayoritariamente narcotraficantes que echan mano de la acusación de “narcoterroristas” que al presente casi han desaparecido.

El Jefe de Estado acompañado de los jefes de las instituciones pertinentes, en sus respectivos campos de acción y no “todos en todo” para ganar lo que muchas veces no les corresponde, debe salir y comprometerse directamente con el pueblo sobre el plan que va a desarrollar, lo que vienen haciendo y obteniendo como fruto del trabajo del efectivo ocupados.

Si se disminuye la fuerza soberbia de los delincuentes por extorsión, asesinato y otros delitos relacionados, así como las operaciones cuyas acciones las vienen desarrollando las Fuerzas militares en la zona del VRAEM,  sin la formación ni adiestramiento requeridos,  por lo que se registran emboscadas, ataques y asesinatos bajo el régimen estresante, dañando la moral de los miembros de las FFAA y de la PNP. Hay que controlar acciones y evaluar resultados, para premiar o sancionar.                 





Carlos A. La Rosa Lama
Profesor UNMSM - UNAC
              

           

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